Una tarde con sabor a ricota, azúcar y otras yerbas (Cosquín Rock DIA 2)

El sol pleno se hizo presente en Cosquín y así revivimos, en gran medida, esos gloriosos momentos a fines de los años ’80 donde el rock nacional explotó hacia la masividad. Si bien la gran mayoría de los presentes no vivimos esos momentos, las bandas como Sumo o Patricio Rey y sus redonditos de Ricota o los mismísimos Fabulosos Cadillacs, forjaron la identidad musical de muchos de nosotros.

La bola se corrió y nos llenó de expectativas para a las 17 hs ver el mentado: Sumo X Pettinato. Allí estuvimos todos, agrupados en la carpa Alternativa pero el que apareció, fue nada menos que Rockambole. El histórico artista plástico que desarrollo la gráfica de “Los Redondos” comenzó con su relato contándonos cómo conoció a los integrantes de la icónica banda y, a través de videos, nos demostró cómo su arte impactó en la cultura nacional. El motivo de su presentación no fue otra que anunciar su libro: “De regreso a Oktubre” en conmemoración a los 30 años de la salida de aquel disco.

El Cosquín Rock es el primer Festival nacional que ha tomado el status de: Internacional. El 18 de Febrero tuvo su primera edición en la cuidad mexicana de Guadalajara y desde allí, se vinieron bandas como Cuca y Panteón Rococo, parte de este intercambio cultural que tendrá su estreno este año en Perú y el próximo, en Chile. Estos últimos, continuaron la línea que les anuncié en los primeros párrafos; para ello, invitaron a Germán Dafunchio y juntos, hicieron “Noche de Paz” de Sumo, para ponerle el moño a una presentación que, seguramente, se repetirá en nuestras tierras.

A las 19 hs. finalmente, apareció “Petti” y con “El reggae de Paz y amor” explotó todo. Un hit tras otro se fueron sucediendo para el delirio de muchos que crecimos con la sangre de la banda de Luca Prodan inyectándose en nuestras venas. El experimento tuvo su sustento en una atinada banda que, sumada a la voz del saxofonista usando una “Reverb” y las voces del público, logró convertirse en una de las perlas.

Este segundo día fue también el que contó con el, infaltable escenario Reggae. Éste, albergó entre otros, a Todos Tus Muertos, El Siempreterno, a los siempre recomendables Dancing Mood y se cerró con Nonpalidece. Extrañamente, Los Cafres, estuvieron en el principal con un show que pareció realizarse en “slow motion”; muy contrario al que supieron hacer, sus antecesores en las tablas, Los Caligaris, que dejaron a la gente bien arriba.

Más tarde, llegó la esperada revancha para La Vela Puerca (en 2016 la lluvia solo les dejó tocar 9 temas). Este show, coincidió con el cierre de la extensa gira “20 años” por lo que se entienden algunos momentos de precariedad vocal en el “Enano” Teysera. La lista, hizo un repaso de la carrera de los uruguayos partiendo desde “Calle adicción” hasta “Haciéndose pasar por luz” para que nadie se quede con las ganas; eso sí, ellos también mantuvieron la premisa general del día cuando interpretaron un fragmento de TV Caliente (Virna Lisa) de la legendaria banda de Hurlingham.

El espíritu ricotero volvió a apoderarse de la escena cuando Skay y sus Fakires empezaron con su show. El “Flaco”, un poco confundido con el orden de la lista en algunos momentos, desplegó todo su repertorio mostrándose muy consolidado en su rol como cantante y qué decir de su guitarra que no se haya dicho aún. Tocó algunos temas de su nuevo disco “El engranaje de Cristal” como el polémico “Ego Trip” y nos regaló “El pibe de los astilleros” y el infaltable “Jijiji”.

Para el final llegaron los Fabulosos, y nunca más Fabulosos…Cadillacs. Presentaron una formación renovada con más sabor a familia que nunca; es que con la incorporación de Astor Cianciarulo (batería y bajo) y Florian Fernández Capello (hijo de Vicentico en guitarra e integrante de Callate Mark) esta sensación se hizo palpable en la rotación de intérpretes de instrumentos que se dio durante toda la perfomance. Flavio cantó, tocó la bateria; Vicentico el teclado y el bajo; Rotman cantó, tocó la guitarra, su saxo y así… Hubo temas de todas las épocas, incluido el presente, con los que forman el disco “La salvación de Solo y Juan”. Se los notó disfrutando y la gente los acompañó en todo momento; hasta en el juego del frontman con la gente, separando al público en dos, pidiendo un “Calaveras” por un lado y un “Diablitos” por el otro. El broche del show fue el solo final del histórico bajista tocando, en la pasarela, acompañado por todo aquel que tuviera voz. Ah, ellos eligieron hacer su versión de “Mañana en el Abasto”; y claro… ¿Cómo se iban a quedar afuera?

No me quedaron dudas. Este fue el mejor día de los tres. Tal vez, la nostalgia de lo que me hubiese encantado vivir fue más fuerte; puede ser. La realidad, indica que es imposible volver el tiempo atrás, pero en un día como aquel, definitivamente, tuve ese innegable y tan anhelado gustito a ricota, azúcar y otras yerbas…

Escrito por Cristian Devoto.