Groovestock con “La Condena de Caín” y “Jóvenes Pordioseros”

El viernes 26 de junio “La Condena de Caín” y “”Jóvenes pordioseros” hicieron bailar a Palermo club en el marco de la fiesta Groovestock.

Un feliz cumple para Mati

Los músicos de “La condena” fueron los encargados de arrancar la noche. “Lo inerte y lo real” y “Hermosa soledad” fueron los dos primeros temas que sonaron, mientras los seguidores condenados se iban acercando al escenario. Se vivía un clima de festejo y tenía mucho que ver con que Matías Westerkamp, el guitarrista líder cumplía años. Por eso, había alegría, por eso había amigos. Cubrí en otras oportunidades a “La Condena” y puedo decir que es una de esas bandas del under que enamora. Enamora su puesta en escena, su apuesta, la conjunción de sus músicos y todo lo que tienen para ofrecer.  La voz melódica de Sawa Mielnik, los solos de guitarra de Matías, el aporte con la electroacústica del Vasco, el bajo de Marcelo Di Giovanni, la batería de Daniel Jinkis y la combinación de saxo y teclados por parte de Héctor Cantín, quien de un tema a otro va cambiando su instrumento. Por ejemplo, en el primer tema arranca con saxo y en el segundo y en “Viejo topo” le mete sus arreglos. “Viejo Topo” está envuelta en el toque que le dan sus teclados, como en un soplido de viento.

Antes de que llegue “Hombres de ciencia ficción”, los músicos y todos los presentes le cantan el feliz cumpleaños a Matías Westerkamp. Él lo agradece y lo festeja. Y lo hace del mejor modo que sabe: regalando magia con su instrumento en baladas como “Señora esquina”.

Entonces llega esa parte del recital donde el clima que se va generando y la fiesta que a esa altura ya se puso te obligan a adentrarse por completo en la ambientación que ofrece la banda, en sus distintas atmósferas. Así, toca saltar y denunciar con “Dios seguridad”; toca emocionarse y dejar que se te ponga la piel de gallina en “Libertad” mientras Sawa remata con armónica y toca verte reflejado como espejo, mientras saltas y pogueas, con la letra de “Rutina”.

Pero antes de que todo se termine faltan esos dos temas que siempre quedan para lo último y que está buenísimo que así sea porque la espera los hace disfrutar de la mejor forma. En “Vendaval”, se armó quilombo y del bueno. Ale Kurtz y Migue Soifer de El Bordo se subieron al escenario, mientras Daniel Jinkis que le había dejado a Migue su batería, se empuñó la viola y entre Matías y Marcelo, se puso a riffear. Esa imagen y la de Sawa y Ale dejándose llevar por el vendaval fueron, sin dudas, las postales de la presentación, que terminaría con más empuje en “Nuevo fuego”.

Así, mientras los músicos de la Condena aparecieron en la pista de Palermo Club mezclándose con los seguidores y con otros músicos amigos que saludaban al cumpleañero, se aguardaba por “Jóvenes pordioseros”. Esta vez, la espera fue bastante larga para que se subieran al escenario los chicos de Lugano y lo hicieron un poco más de una hora después de que terminara “La Condena”.

 Por siempre jóvenes, por siempre pordioseros

Los “Jóvenes pordioseros” brindaron un recital bastante largo y que recorrió toda su trayectoria. Había ganas de festejo, había chicas subidas a caballito, había rocanrol y agite. Todo empezó con “Pánico”, tema que abre justamente el disco que sacaron el año pasado después de algunos años del reencuentro del grupo con la vuelta de su voz cantante “Toti” Iglesias.

Ale de El Bordo, que todavía no se había ido, subió nuevamente al escenario. Esta vez para compartir con los Jóvenes “Descontrolado”.

Fue un recital que estuvo bien condimentado con banderas, con agite y pogo. Mientras abajo la fiesta se ponía todo; arriba, en el escenario, a los músicos se los notaba estar disfrutando. Sonaron los temas más conocidos de la banda como “Buenas noches”, “Pegado”, “Funeral”, “Cuando me muera”, “Salir a robar”, “Desvelado” y “Sangre” entre otros. También sonaron algunos temas de “Hijos del oeste”, la banda que formó Toti Iglesias en el impasse en que se fue de “Jóvenes”. Entre ellos estuvo “100 por ciento pordiosero”. Y además sonaron esos temas, como “Nunca me enseñaste” o “Todavía no puedo olvidarte” donde Toti Iglesias se “acalamariza” y llegan las baladas y las canciones dedicadas, coreadas por cada uno de los seguidores.

Además, como siempre se repiten algunos rituales, como el saludo a cada uno de los barrios en “Maldito San Telmo” o la apuesta de Toti a la locura. En esta ocasión, se colocó un antifaz mientras invitaba al “Infierno Blues”.

Y el infierno fue encantador y las llamas prendidas no se apagaban y no había horario, ni reloj ni tiempo que lo pudiera hacer.

Una combinación de bandas con estilos bastante distintos. “La Condena” con un rock más progresivo y los “Jóvenes pordioseros” con su típico rocanrol más barrial. Sin embargo, para la Groovestock y para un viernes, donde el frío afuera arremete, esto poco importa. Porque en realidad, para la música que es una sola y para el disfrute que combina con ambas, en verdad, no importa.

Escribió: Yanina Mazzarella

Fotos: Olivia Engel